viernes, 11 de septiembre de 2009

Microvacaciones Vol.2

Nada más llegar a casa, mi perro grande se me abalanzó súper contento porque hacía dos meses que no me veía. Pero claro, un perro tan grande lo menos que te hace es un pedazo arañazo (o añarazo, como diría una amiga mía) con las patas. Eso o tirarte al suelo en su arrebato de alegría. Luego salió la perri pequeña y el otro la pisoteó de lo nervioso que estaba. Ay! La granja revolucionada!.

En cuanto solté los bártulos me puse el bikini y... primer baño en la piscina!. Seguido de una puesta de sol como solo la saben fabricar mis padres en esa casa. Como le dijo mi padre un día a un primo mío pequeño que le preguntó si se vería bien la puesta de sol. Mi padre le respondió: "claro! Ahora mismo llamo a mi amigo Dios y quita la nube esa de ahí en medio". Pues estos días debía haber hablado con su amigo porque las 5 noches pudimos ver un atardecer de película.
Durante la cena mis padres me contaron que como mi hermano no había podido venir, y es el que se marea en el mar, que íbamos a hacer una excursión en barco. Alquilas el barco y el capitán, porque cualquiera se pone a conducir un yate o un velero!. Creo que el carné B de toda la vida no me lo convalidan.
Así que habíamos quedado al día siguiente a las 10 con el patrono del barco para que nos recogiera.

Al día siguiente (sábado, para más señas), me levanto a eso de las 8:30 para desayunar. Mi padre también está en la cocina, y a las 9 o así ha decidido abrirle la puerta de la calle al perro grande (Ian) para que se pasee solo. Esto tiene una explicación: días antes, mi padre había salido a pasearlo, pero estaba tan ansioso que salió corriendo y no esperó a mi padre. 20 minutos después aparece el perro empapado y feliz: se había bajado a bañarse en el mar!. Todo el barranco cuesta abajo, bañito y otra vez arriba. Qué tío!. Con esto demostró que aparte de ser muy limpio, sabe volver a casa. Así que a mi padre le hizo gracia y algunos días le abría para que saliera y al rato volvía de pasearse a sí mismo.

Bueno, pues el día "de autos", mas o menos a las 9 (y el barco zarpaba a las 10) le abrió la puerta y lo dejó salir. Pasa un rato, llegan las 9:20 y el perro no aparece. Las 9:30 y sigue sin aparecer. A las 9:40 mi padre se va en el coche a buscarlo para ver si lo encuentra.
Yo, por si sirve de algo, me pongo a llamarlo a gritos desde el jardín hacia el barranco. Mi casa da a un pequeño barranco todo lleno de arbustos, brezos y demás matas silvestres que baja hasta un camino y de este bajando otro poco está el mar. Pues ahí estaba yo, a grito "pelao" llamando al perro: IIIIIIAAAAAAAAAAN VEEEEEEEEEEN!!!!!! IIIIIIAAAAAAAAN!!!.
Me paseo de lado a lado para que los alaridos se expandan bien, y me doy cuenta de que hay eco (los vecinos debían pensar: pobre familia, con una hija perturbada, qué cruz). Al cabo de un rato veo que se mueve un macizo de arbustos y me imagino que es un gato salvaje, de los que hay a patadas allí. Cuando veo aparecer una cabeza... y detrás reptando aparece el corpachón de mi perrazo de 45 kg!!!!!!!. Cómo demonios pudo trepar todo el barranco arriba y pasar a través del arbusto?? Si es gigante!. Cuando veo que es él flipo en colores y me pongo a gritar otra vez al barranco: PAAAAAAPÁÁÁÁÁ!!! QUE EL IAN YA HAAA VUEEEELTOOOOOOOOO!!!!!!!. Claro, mi padre iría en el coche y no me oía. El perro parece contento aunque está hecho polvo de tanta escalada deportiva. Llamo a mi madre, que pensaba que yo le estaba gastando una broma. Ahora el tema es dejar entrar al perro. Hay una puerta de metal oxidada que da a esa parte de la casa que está "salvaje". Rebuscamos entre las llaves y no aparece por ningún sitio la de esa puerta. Mierda! Dónde está mi padre que no vuelve?? Igual él sabe dónde está la llave pero no se ha llevado el móvil!! . Para mayor dificultad aún, las nuevas vallas del jardín son de acero inoxidable por arriba, y en medio llevan unos cables de metal, unas siergas entre poste y poste. Y el perro, con lo grande que es, no cabía entre sierga y sierga. Así que allí estaba, súper nervioso y sin saber por donde entrar. Mi madre le llevó un cubo de agua porque estaba con la lengua fuera.
Al cabo de un rato, casi a las 10, vuelve mi padre. Como yo pensaba, no había oído mis gritos de llamada. Él tampoco encuentra la llave. Así que mi madre dice que desenrosquemos una de las siergas. Pero al final mi padre utiliza el método "a lo mecagüendiez": salta la verja, trepa por las piedras hasta donde está el perro y lo sube a pulso por entre dos siergas. Casi se desloma, pobre.
El perro está tan cansado de la peripecia que se va derecho a la piscina y se pone a beber... y luego se mete y se sienta dentro!!. Nos reímos por no llorar, porque vaya peripecia.

Al final, a las 9:55 bajamos al sitio donde nos tenía que recoger el del barco. Mi padre lo llama por teléfono para confirmar y resulta que al final no podemos ir porque hay aviso de temporal!!. Le debía haber mandado un mail y un sms pero mi padre no lo había visto.
Qué desastre de mañana!!!!. Menos mal que lo arreglamos yendo a la playa y luego a comer por ahí, al menos no nos quedamos en casa dándonos de cabezazos contra la pared.

El resto de los días no tuvimos más percances. Me pasé casi una semana como una sardina: todo el tiempo en el agua. Pudimos además hacer la excursión el martes, y estuvo genial.
Ha sido muy poco tiempo, se me ha hecho taaaan corto!. Pero ha merecido la pena, he descansado, dormido, he tomado el sol (y he cambiado mi color del blanco roto al beis), y he visto a mis padres, que llevaba dos meses sin verlos.

Así que en resumen han sido unas buenas vacaciones. Micro, pero vacaciones a fin de cuentas.

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