viernes, 25 de septiembre de 2009

Chocolate y alpargatas

Este título tan surrealista, al igual que casi todo en esta vida, tiene una explicación. Hoy voy a hablar de esas grandes olvidadas: las tiendas de ultramarinos.

Desde que nacieron los carrefures, mercadonas, sabecos y demás "hipers" y "supers", y desde que la gente vive en urbanizaciones que no tienen ni un triste kiosko, las tiendas de barrio han ido perdiendo clientela. En los barrios de toda la vida, siguen funcionando, por lo cómodo de bajar en zapatillas de estar por casa y con los rulos a por un par de manzanas o unas pechugas de pollo. Pero en muchos casos la gente prefiere coger el coche, aparcarlo fácilmente y comprar todo de una vez.

En las ciudades grandes prácticamente han desaparecido las tiendas de ultramarinos porque ya no tienen mercado. Algunas de las que quedan se han reconvertido en "delicatessen": anchoas del cantábrico, bonito del norte, patatas de añavieja... En Soria aún queda alguna de las tradicionales, pero ya poquitas. Allí aún triunfan la panadería y carnicería de toda la vida, el trato personalizado (Pepa, que hoy tengo unos calamares frescos frescos!), la calidad del producto (ese cordero soriano... ñam ñam) y el poder marujear un rato (mira la Paca qué teñido más feo lleva...), todo por el mismo precio. Así mantienen la clientela estos "chiquicomercios".

Y... llegué a Badajoz. Aquí hay dos carrefures y tropecientos mercadonas. Así que para las compras grandes no tengo problema. Peeero! resulta que la provincia de Badajoz tiene una huerta estupenda, producción propia de todo lo habido y por haber, y eso, en los hipermercados, pues no suele estar. En mis primeros días en mi nuevo barrio me dediqué a reconocer el terreno. Así descubrí una tiendecita de ultramarinos que hay en el bloque de al lado, superhipermegacerca de mi casa. Entré un día porque vi que vendían fruta y pensé que era una frutería. La tienda es como un pasillo, estrechita y larga, con la fruta a la izquierda y al fondo algo de droguería, latas, chucherías... compré algo de fruta y estaba "BUENISÍSIMA"!. Así que decidí dejar de comprar fruta y verdura con sabor a plástico y pasarme a la tiendecita del barrio. Pero no sólo está genial el producto, sino que el trato no tiene naaaaadaaa que ver. La dependienta, una señora encantadora con mandil y su acentillo extremeño me dijo: "a ver hiha, qué mah te pongo. Ehtoh melocotoneh han venío mu buenoh. Quiereh arguna cosita mah?". Vamos, que me ganó. Con eso y con los melocotones, que estaban de morirse.

Cada vez que bajo me hace gracia ver las escenas típicas de mi infancia, es como viajar en el tiempo:
-Ay Mari! no tengo suerto, ehta tarde te lo traigo. Ha venío mi marío antes? (la maruja)
-Si, pero no sé si se llevó la sandía, mi niña
-Me das un calipo? (el niño que ya dejan bajar a comprarse chuches)
-Si, y te debo dinero q'ayer se te orvidaron lah vuertah!
-Y tu hiha? ya se ha casao? (la clienta habitual)
-Si, ehta mu contenta con er marío, ya viven en su casa.
-Te voy poniendo la fruta aquí encima, vale? (yo misma, revolviendo tomates con ciruelas en la misma bolsa...)
-Mu bien, arguna cosita mah?
...

Uno de los últimos días que bajé a la tienda me acordé de cuando era pequeña. Entonces mis padres tenían una casa en un "micropueblo" de la provincia de Soria. Ahora tiene tres casas rurales y creo que hasta bares, pero entonces no tenía nada. Por no tener, no tenía ni gente: un solo habitante en invierno!. Era la señora del teléfono, que tenía como una cabina dentro de su casa, y te cobraba por los pasos que habías hablado. Siempre me hizo mucha gracia. No había bares, ni tiendas... así que teníamos que ir a un pueblo cercano cuando queríamos comprar algo. En ese pueblo había una tienda de ultramarinos que me hacía mucha gracia: tenía estanterías hasta el techo, una barra de madera en forma de "L" y podías comprar casi cualquier cosa. Allí encontrabas desde chocolate negro (ñam!) hasta alpargatas de esparto, que era el único calzado que usaba en esos veranos. Lo entrañable de aquella tiendecita de pueblo lo he vuelto a encontrar en la tiendecita de la esquina en Badajoz, y me ha hecho ponerme un poquillo nostálgica. Cambian tanto las cosas en unos pocos años...

En fin, aquí queda mi reivindicación del comercio tradicional, que me estoy poniendo sentimental, y eso sí que no. Intentaré no tener esto tan dejado, últimamente estoy poco inspirada. De hecho, el borrador de esta entrada lleva unos cuantos días esperando. Ay! Será el otoño, que nos pone ñoños... jajajajajaaaaa

jueves, 17 de septiembre de 2009

Novedades "revoltijás"

Bueno, bueno, bueno... le dijo la paja al heno (parafraseando a "la fuente de sabiduría"). Tengo pensada una entrada muy graciosa, pero tengo que conseguir el material informativo (irá con fotos), así que, mientras tanto, os voy a contar cómo me van las cosas.

En esta vuelta al cole, que para mí ni es vuelta ni nada, porque ya me diréis con 6 días justos que he estado fuera el "síndrome" que voy a tener. En todo caso el de Estocolmo, me podían haber secuestrado mis padres... para las próximas vacaciones se lo propongo!. El resto de la gente a mi alrededor ya están en plena cuesta de septiembre: lo bueno es que los niños vuelven al colegio, lo malo que hay que comprarles los libros y está la economía como para muchos gastos. En el telediario han salido ideas curiosas para que la gente ahorre por Internet. Siempre hay algún listo que saca partido de estas situaciones.

A ver, que se me va el santo al cielo. El caso es que ya ha vuelto todo el mundo de vacaciones (algunos con más "síndrome post-vacacional" y mala leche que otros) y está el batallón al completo. Unos con la empanadilla (encannaaaa!! encanna de nocheeee!) de recién llegados y otros con el agobio de todo lo que tienen que hacer. Yo he vuelto a mis montones de papeles y de cosas para leer. Si me dieran 10 céntimos por cada artículo científico que me leo... vamos, me daba para una cenita por lo menos!. Están surgiendo muchas ideas nuevas y posibles congresos y proyectos, así que estoy muy contenta con el curro!.

Os acordáis del gimnasio súper fashion al que me había apuntado? Pues como es extracaro y este mes no estoy yendo apenas me he dado de baja. Sólo me he apuntado a un cursillo de natación ahí mismo, que dura hasta diciembre. He ido a preguntar a otro gimnasio pequeñito que está al lado de mi casa. Es de los "tipo Kronos": machotes garrulos haciendo pesas, olorcillo a humanidad y sólo una sala para clases colectivas. Peeero! Tienen cada hora una clase diferente de cosas que me gustan. En el súper fashion la mayoría de clases eran cosas con pesas porque a la profesora yo creo que le gustaba más eso. Y yo, con los restos de la tendinitis plasta que nunca se va pues no puedo hacer pesas ni flexiones y me quedaba ahí mirando sin saber qué hacer. Así que vuelta al step, GAP y demás disciplinas que te ponen las piernas... como acero para los barcos!. Me apuntaré el mes que viene casi seguro a este que he visto hoy. Aquí los horarios normales de las clases empiezan en octubre, porque septiembre sigue siendo verano y por tanto mes "flojillo" para el tema deportivo. Cosas del clima y costumbres extremeñas. La verdad es que sigue haciendo calor, hoy menos, había a mediodía 24ºC, pero ayer llegamos a 28ºC o por ahí. Es la primera vez en mi vida que me gusta el clima "septiembrero". Algo bueno tenía que tener la chicharra, y ya lo he descubierto: además de en el Corte Inglés, aquí también existe el otoño!!!. Por fin voy a sacarle partido a las gabardinas, esas prendas que en Soria sólo lucen bien en las gambas de los bares...

Más novedades... mi nuevo corte de pelo (que ya veréis en vivo y en directo, y si no acudid al facebook o tuenti) para poder ir a la piscina y que se seque rápido, es taaaaan cómodo!.

Por otro lado, con la vuelta de toooodo el mundo de sus vacaciones espero seguir ampliando mi círculo social (que de momento es del tamaño de una pulsera tobillera), hacer unos talleres de manualidades en mi casa con los ya conocidos y alguna excursión a los pueblos de la provincia .. y otras actividades que se me ocurran. Además, en octubre tengo un curso en Salamanca y otro en Cáceres, a primeros vienen mis padres a verme y para el puente del Pilar voy a casa (preparaos sorianos!!!!) , así que no me va a dar tiempo a aburrirme!!.

Mas cosillas en próximos episodios de vuestra serie preferida: "De la nieve a la Chicharra"!

viernes, 11 de septiembre de 2009

Microvacaciones Vol.2

Nada más llegar a casa, mi perro grande se me abalanzó súper contento porque hacía dos meses que no me veía. Pero claro, un perro tan grande lo menos que te hace es un pedazo arañazo (o añarazo, como diría una amiga mía) con las patas. Eso o tirarte al suelo en su arrebato de alegría. Luego salió la perri pequeña y el otro la pisoteó de lo nervioso que estaba. Ay! La granja revolucionada!.

En cuanto solté los bártulos me puse el bikini y... primer baño en la piscina!. Seguido de una puesta de sol como solo la saben fabricar mis padres en esa casa. Como le dijo mi padre un día a un primo mío pequeño que le preguntó si se vería bien la puesta de sol. Mi padre le respondió: "claro! Ahora mismo llamo a mi amigo Dios y quita la nube esa de ahí en medio". Pues estos días debía haber hablado con su amigo porque las 5 noches pudimos ver un atardecer de película.
Durante la cena mis padres me contaron que como mi hermano no había podido venir, y es el que se marea en el mar, que íbamos a hacer una excursión en barco. Alquilas el barco y el capitán, porque cualquiera se pone a conducir un yate o un velero!. Creo que el carné B de toda la vida no me lo convalidan.
Así que habíamos quedado al día siguiente a las 10 con el patrono del barco para que nos recogiera.

Al día siguiente (sábado, para más señas), me levanto a eso de las 8:30 para desayunar. Mi padre también está en la cocina, y a las 9 o así ha decidido abrirle la puerta de la calle al perro grande (Ian) para que se pasee solo. Esto tiene una explicación: días antes, mi padre había salido a pasearlo, pero estaba tan ansioso que salió corriendo y no esperó a mi padre. 20 minutos después aparece el perro empapado y feliz: se había bajado a bañarse en el mar!. Todo el barranco cuesta abajo, bañito y otra vez arriba. Qué tío!. Con esto demostró que aparte de ser muy limpio, sabe volver a casa. Así que a mi padre le hizo gracia y algunos días le abría para que saliera y al rato volvía de pasearse a sí mismo.

Bueno, pues el día "de autos", mas o menos a las 9 (y el barco zarpaba a las 10) le abrió la puerta y lo dejó salir. Pasa un rato, llegan las 9:20 y el perro no aparece. Las 9:30 y sigue sin aparecer. A las 9:40 mi padre se va en el coche a buscarlo para ver si lo encuentra.
Yo, por si sirve de algo, me pongo a llamarlo a gritos desde el jardín hacia el barranco. Mi casa da a un pequeño barranco todo lleno de arbustos, brezos y demás matas silvestres que baja hasta un camino y de este bajando otro poco está el mar. Pues ahí estaba yo, a grito "pelao" llamando al perro: IIIIIIAAAAAAAAAAN VEEEEEEEEEEN!!!!!! IIIIIIAAAAAAAAN!!!.
Me paseo de lado a lado para que los alaridos se expandan bien, y me doy cuenta de que hay eco (los vecinos debían pensar: pobre familia, con una hija perturbada, qué cruz). Al cabo de un rato veo que se mueve un macizo de arbustos y me imagino que es un gato salvaje, de los que hay a patadas allí. Cuando veo aparecer una cabeza... y detrás reptando aparece el corpachón de mi perrazo de 45 kg!!!!!!!. Cómo demonios pudo trepar todo el barranco arriba y pasar a través del arbusto?? Si es gigante!. Cuando veo que es él flipo en colores y me pongo a gritar otra vez al barranco: PAAAAAAPÁÁÁÁÁ!!! QUE EL IAN YA HAAA VUEEEELTOOOOOOOOO!!!!!!!. Claro, mi padre iría en el coche y no me oía. El perro parece contento aunque está hecho polvo de tanta escalada deportiva. Llamo a mi madre, que pensaba que yo le estaba gastando una broma. Ahora el tema es dejar entrar al perro. Hay una puerta de metal oxidada que da a esa parte de la casa que está "salvaje". Rebuscamos entre las llaves y no aparece por ningún sitio la de esa puerta. Mierda! Dónde está mi padre que no vuelve?? Igual él sabe dónde está la llave pero no se ha llevado el móvil!! . Para mayor dificultad aún, las nuevas vallas del jardín son de acero inoxidable por arriba, y en medio llevan unos cables de metal, unas siergas entre poste y poste. Y el perro, con lo grande que es, no cabía entre sierga y sierga. Así que allí estaba, súper nervioso y sin saber por donde entrar. Mi madre le llevó un cubo de agua porque estaba con la lengua fuera.
Al cabo de un rato, casi a las 10, vuelve mi padre. Como yo pensaba, no había oído mis gritos de llamada. Él tampoco encuentra la llave. Así que mi madre dice que desenrosquemos una de las siergas. Pero al final mi padre utiliza el método "a lo mecagüendiez": salta la verja, trepa por las piedras hasta donde está el perro y lo sube a pulso por entre dos siergas. Casi se desloma, pobre.
El perro está tan cansado de la peripecia que se va derecho a la piscina y se pone a beber... y luego se mete y se sienta dentro!!. Nos reímos por no llorar, porque vaya peripecia.

Al final, a las 9:55 bajamos al sitio donde nos tenía que recoger el del barco. Mi padre lo llama por teléfono para confirmar y resulta que al final no podemos ir porque hay aviso de temporal!!. Le debía haber mandado un mail y un sms pero mi padre no lo había visto.
Qué desastre de mañana!!!!. Menos mal que lo arreglamos yendo a la playa y luego a comer por ahí, al menos no nos quedamos en casa dándonos de cabezazos contra la pared.

El resto de los días no tuvimos más percances. Me pasé casi una semana como una sardina: todo el tiempo en el agua. Pudimos además hacer la excursión el martes, y estuvo genial.
Ha sido muy poco tiempo, se me ha hecho taaaan corto!. Pero ha merecido la pena, he descansado, dormido, he tomado el sol (y he cambiado mi color del blanco roto al beis), y he visto a mis padres, que llevaba dos meses sin verlos.

Así que en resumen han sido unas buenas vacaciones. Micro, pero vacaciones a fin de cuentas.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Microvacaciones vol.1

El viernes pasado, a eso de las 3:15 me dispuse a salir de casa. Cogí la bolsa de viaje, las instrucciones de la Vía Michelin, mi mochila de lunares... y al coche!. Tenía que encontrar el aeropuerto de Badajoz, y me habían dicho que no es tarea fácil, así que como el vuelo salía a las 5 me fui con tiempo de sobra. Cojo la calle enorme que va hacia la carretera de Madrid, y, tras decenas de rotondas, camiones y concesionarios de coches, por fin cojo la salida que lleva hacia "Talavera la Real. Aeropuerto".

Cambiamos a una carretera nacional un poquito "estrechuja", que va dirección Talavera. Paso de largo por el campo de golf, sembrados de remolacha, patatas y demás verduritas. En un cartel pone que a 13 km está Talavera y el aeropuerto a 9, así que se supone que la entrada está un poquito antes. A la entrada de un pueblo de cuyo nombre no me acuerdo, hay una raqueta donde tengo que girar y se supone que ya enfilo al aeropuerto. Bueno, pues cogiendo ese cruce voy a dar a una carretera estrecha, sin rayas pintadas, y donde hay alguna nave a los lados y poco más. Paso la zona de naves y me encuentro... campos de maíz (como en la peli de Stephen King, qué mal rollo!). Ni una casa, ni un edificio, ni un cartel... Mientras canto "Triniáááááá! ayyyyy, mi Triniáááááá...." a dúo con Rocío Jurado pienso en si me habré perdido. Continúo unos 2 o 3 Km así, pasando campos de hortalizas. Ni rastro de una torre de control, un avioncito pasando... Al final de una recta llego a un cruce donde por fin encuentro un cartel donde pone "aeropuerto". Así que siguiendo la carretera de la derecha, y literalmente en medio de la nada, aparece el lugar en cuestión.

Aparco a la sombra (bendita sea la sombra en la chicharra pacense) y salgo hacia la terminal. Sigo sin ver por ningún sitio la torre de control. La terminal en cuestión es como de "coña": nada de una fila de mostradores, gente mirando los paneles informativos...etc. Es una especie de rellano pequeño donde al fondo a la derecha hay una cafetería, al frente sólo dos mostradores de facturación, y pegadito a ellos el control de policía y el arco de seguridad. Todo del tamaño del salón de mi piso más pasillo. Un poco más allá los baños.
Son apenas las 3:50. Me pongo a leer en una de las 10 sillas de plástico naranja que hay. Solo hay otros dos pasajeros con maletas. Al poco llegan los "azafatos" y abren un mostrador. Facturo la bolsa a eso de las 4. El vuelo sale a las 17:05 y el embarque es... a las 16:45! Podía estar echándome la siesta... grrrrr. Me pongo a leer de nuevo. Llega algún pasajero más. En los monitores no hay más vuelos programados que el de Mallorca. La gente está como en su casa: los de seguridad con los azafatos y demás personal: "hombre Pepe! a qué hora te vas hoy?", en ese plan.

Me aburro de estar en esas sillas tan "jodidamente" incómodas. Por qué TODAS las sillas de los aeropuertos son incómodas? Hasta las más modernas te machacan los huesos al cabo de un rato (como las de la T4, mucho diseño y poca ergonomía). Alguien debería hacer una estadística sobre eso y sacar este complot a la luz!. Seguro que están compinchados los que ponen el mobiliario en estos sitios con el colegio de fisioterapeutas...

A las 16:50, por fin, abren el control policial. Sólo un policía está para revisar los equipajes y hay otro para ver el monitor. Hacemos cola los 10 ó 12 pasajeros del vuelo. Cuando ya casi me toca, los viajeros de delante mío (un matrimonio) empiezan a hablar con el "segurata":
- Hombre, pero tú no eres Manolo?.
- Si, si, soy yo.
- Ya decía yo que tu cara me sonaba. Pues hace ya que no te veíamos por el barrio...
Vamos, igualito que en un pueblo. Como si estuviera en Soria en "El Collado". Qué fuerte!.

Pasamos a LA sala de embarque (la única que hay) y parece que he viajado en el tiempo hasta los años 70: filas de sillas cutres, de plástico y naranjas contra las paredes, mesitas bajas beis, un gotelé gordo medio marrón en las paredes con manchones de humedad y escarpias que algún día debieron sujetar algo, una foto de los terroristas más buscados, plantas de mentira con una dedo de polvo, ceniceros de pie... es como estar en una "peli" del destape, me explico: pensad en ese protagonista, ese típico "macho ibérico" que va a ser padre (Esteso, Manolo Escobar o Paco Martínez Soria servirían) y está esperando en la sala del hospital con sillas de plástico naranja, gotelé feo, techo marrón y baldosas verde oliva. Anda de un lado para otro y fuma sin parar porque es lo más normal del mundo. Pues algo así es la sala de embarque de Badajoz. Aún no se puede pasar al avión, así que me siento en una silla observando el "hallazgo histórico". Una "niña-patada" voz de pito no hace más que dar la nota buscando llamar la atención, qué plasta!.

Cuando ya podemos pasar, nos cortan la tarjeta de embarque y salimos a la chicharra. No hace falta autobús, vamos andando al avión, que está "aparcado" él solito en medio de la pista. Es un avión que parece de juguete, súper pequeño! ¿¿Seguro que esto vuela??. Una señora está fregando el rellano del avión como si fuera el de su portal y tenemos que esperar un poco antes de subir. También tipo pueblo.

Una vez dentro busco mi asiento y me doy un coscorrón de lo bajito que están los compartimentos de las maletas y eso que mido 1,60!.
El despegue es inmediato, y durante el vuelo nos dan un refresco y un par de galletitas, cosa que en los vuelos más "normales" de Iberia ya no hacen. Olé y olé Air Nostrum y el low-cost!.

Llego sana y salva a Mallorca. Me recogen mis padres y empiezan mis mini-vacaciones!.

Aquí dejo la primera parte de la crónica, que bastante me he enrollado ya. En el próximo capítulo cómo mi perro se pasea a sí mismo y otras batallitas.