Tras el paréntesis habitual de casi un mes, aquí me tenéis de nuevo.
He de decir que… por fin empiezo a tener visitas!!!!!. Inauguró la temporada mi amigo “el del atleti”, y después he tenido por aquí en findes diferentes a mi madre y mi abuela y a la pequeña gran E!. Lo único malo es que cada vez que viene alguien a verme lo llevo de ruta gastronómica y acabo con un empacho terrible, luego estoy una semana haciendo dieta para que mi sistema se recupere…
Vamos por orden cronológico. Después del puente de los santos, la primera fue la visita familiar. Las tres generaciones se pasearon por la parte vieja de Badajoz (debería decir antigua, pero como está sin restaurar la mayor parte, parece que está viejo!) y también visitamos Olivenza. Qué pueblo tan bonito! Se nota que fue portugués en tiempos: todo casitas blancas, calles adoquinadas, rejas en las ventanas, iglesias manuelinas y un castillo con su torre del homenaje. Pero la gran sorpresa es su museo. Es una especie de tienda de antigüedades a lo bestia: objetos del siglo pasado expuestos tal y como estaban entonces, me explico: una habitación es la carpintería, otra la peluquería, otra la sala de música… es realmente digno de ver, nunca había visto una compilación tan buena de este tipo de cosas. Y es bastante más grande de lo que me imaginaba. Otra cosa que nadie se puede perder cuando va a Olivenza, es su tarta típica, la Técula Mécula (a que mola el nombre? Repetid conmigo: TéculaMéculaTéculaMéculaTéculaMécula...). A mí particularmente, como no me gusta la yema tostada ni las cosas de almendra, no me hizo mucha gracia; pero mi madre y mi abuela se relamían como cuando se me cae un trozo de salchichón al suelo y mi perri lo coge al vuelo.
Al día siguiente emprendimos viaje rumbo al sur, a conocer mis orígenes!. Mi abuela nació en Azuaga, aunque solo vivió allí hasta los tres años, luego se marchó con su familia a Peñarroya-Pueblo Nuevo, que está muy cerquita pero ya en la provincia de Córdoba. En medio de los dos pueblos está otro, muy pequeñito, que se llama la Granja de Torrehermosa. Ahí siguió yendo mi abuela de joven a ver a su familia hasta que se casó. Así que le prometí que cuando viniera a verme, la llevaría a ver a los primos que le quedan por allí, y eso hicimos.
Azuaga es un pueblo precioso, las casas todas blancas, encaladas y remozadas, las iglesias también blancas, callejitas estrechas… una pena que no nos diera tiempo de andar más por allí. Tengo que volver. Estuvimos con un primo de mi abuela que es igualito a mi bisabuela, mi madre no lo había visto nunca y lo reconoció por eso!. Luego de estar con él y su familia nos marchamos hacia la Granja, donde comimos con otro de sus primos y familia, y estuvimos hablando y viendo fotos antiguas. Resulta que el hermano de mi abuela estaba pasando una temporada en Peñarroya, así que decidimos que, como están al ladito, pues también pasarnos por allí. Peñarroya-Pueblo Nuevo son dos pueblos que quedaron unidos. Según la leyenda Pueblo Nuevo nació porque un perro (llamado “Terrible”) escarbando se encontró algo que brillaba y así empezó allí la minería. Fue un pueblo muy industrial, con minas, fundiciones… así que no es especialmente bonito, pero a mi abuela le hizo mucha ilusión, porque es donde más tiempo vivió. Aparqué justo enfrente de la iglesia donde se casó, en un parque que le llaman popularmente “el llano”, que es donde supuestamente el perro se puso a escarbar. Estuvimos con mis tíos, sus cuñados… un montón de gente a la que mi madre y abuela hacía mucho que no veían. Muchas risas, fotos e invitación a tres pueblos distintos para cuando quiera!. Y eso que no me conocían de antes, qué gente más maja. Este viaje demuestra que tengo buenos genes!!!.
Al finde siguiente me vino a visitar E!. Estuvimos el viernes de fiesta por Valdepasillas y el sábado de turismo gastronómico y cultural a la vez (era la feria de la tapa en el casco histórico). Estuvimos con mi compañera de trabajo y tocaya, que es más maja que las pesetas, y con sus amigos. Descubrí una costumbre pacense fascinante: para ellos ir de cañas es comer por ahí, tomarse unas cañas, y luego unos copazos por la tarde, y seguir hasta la hora de cenar. Entonces es cuando la gente se va a casa, o se va y vuelve tras la ducha y el “arreglo”, o se queda directamente hasta las tantas de la mañana. A las 7 de la tarde están abiertos todos los bares en plan pub para bailar… me pareció curiosísimo. En el resto de España yo creo que esas costumbres se reservan para las bodas y comidas de empresa, y aquí es de lo más normal. Creo que Badajoz nunca dejará de sorprenderme.
El día siguiente salió lluvioso y asqueroso, lo que no nos impidió hacer turismo. Como Évora me había gustado mucho y me quedaron cosas por ver, allí que fuimos. He de añadir a mi guía viajera de la entrada anterior unos cuantos lugares recomendables: la capilla en la Posada dos Loios. En realidad es una pedazo de iglesia, con unos murales gigantes de azulejos pintados de azul con escenas diversas. Están enterrados los nobles que construyeron el palacio y toda su familia ahí. Ahora el palacio es un hotel, y el restaurante tiene un patio abierto donde se celebran bodas y demás eventos. También conseguí ver por dentro la catedral. El claustro es lo que más me gustó. A ser posible id cuando haga buen tiempo, porque se puede subir a una especie de terraza que es el techo del claustro. Yo, que no tengo dos dedos de frente y soy muy cabra, aunque estaba lloviendo a cántaros vi una puertecilla con una escalera de caracol y sin luz, y en seguida me subí a inspeccionar. Las vistas son muy bonitas, pero puede pasar desapercibido porque las escalerillas son muy estrechas, dentro de una “microtorre” y no te fijas en que existen. La catedral y la Posada dos Loios tienen también un museo religioso y uno de arte respectivamente, pero no los visitamos por falta de tiempo. Mención especial de nuevo a los dulces portugueses. Solo de pensar en esa repostería se me hace la boca agua! Ñaaaaaaam!.
A la vuelta paramos a comer en Elvas, que está muy cerca de Badajoz. Todo el mundo me había dicho que tenía que ir a comer allí, pero nadie me había comentado que además el pueblo es muy bonito!. El casco histórico está rodeado por una muralla tipo fuerte, con foso y puerta levadiza, y además hay un enorme acueducto de tres arcadas que casi da la vuelta al pueblo. Comimos en un restaurante que se llama “Lusitania” un arroz de marisco para caerse de espaldas. Como diría Arguiñano: rico, rico, rico.
Acabamos ese día con jornada futbolera: la victoria del Numancia, la derrota del Madrid y la goleada del Atleti. Completito, completito.
Este puente de la Constitución-Inmaculada he estado en Soria: reencuentro con el fresquito, la familia, mis perris, mis amigos, el vermú con mis tíos… vamos, lo que viene siendo la vida Soriana.
Y heme aquí de nuevo en Badajoz, esperando a las navidades y confiando en que en Soria, sean blancas.
He de decir que… por fin empiezo a tener visitas!!!!!. Inauguró la temporada mi amigo “el del atleti”, y después he tenido por aquí en findes diferentes a mi madre y mi abuela y a la pequeña gran E!. Lo único malo es que cada vez que viene alguien a verme lo llevo de ruta gastronómica y acabo con un empacho terrible, luego estoy una semana haciendo dieta para que mi sistema se recupere…
Vamos por orden cronológico. Después del puente de los santos, la primera fue la visita familiar. Las tres generaciones se pasearon por la parte vieja de Badajoz (debería decir antigua, pero como está sin restaurar la mayor parte, parece que está viejo!) y también visitamos Olivenza. Qué pueblo tan bonito! Se nota que fue portugués en tiempos: todo casitas blancas, calles adoquinadas, rejas en las ventanas, iglesias manuelinas y un castillo con su torre del homenaje. Pero la gran sorpresa es su museo. Es una especie de tienda de antigüedades a lo bestia: objetos del siglo pasado expuestos tal y como estaban entonces, me explico: una habitación es la carpintería, otra la peluquería, otra la sala de música… es realmente digno de ver, nunca había visto una compilación tan buena de este tipo de cosas. Y es bastante más grande de lo que me imaginaba. Otra cosa que nadie se puede perder cuando va a Olivenza, es su tarta típica, la Técula Mécula (a que mola el nombre? Repetid conmigo: TéculaMéculaTéculaMéculaTéculaMécula...). A mí particularmente, como no me gusta la yema tostada ni las cosas de almendra, no me hizo mucha gracia; pero mi madre y mi abuela se relamían como cuando se me cae un trozo de salchichón al suelo y mi perri lo coge al vuelo.
Al día siguiente emprendimos viaje rumbo al sur, a conocer mis orígenes!. Mi abuela nació en Azuaga, aunque solo vivió allí hasta los tres años, luego se marchó con su familia a Peñarroya-Pueblo Nuevo, que está muy cerquita pero ya en la provincia de Córdoba. En medio de los dos pueblos está otro, muy pequeñito, que se llama la Granja de Torrehermosa. Ahí siguió yendo mi abuela de joven a ver a su familia hasta que se casó. Así que le prometí que cuando viniera a verme, la llevaría a ver a los primos que le quedan por allí, y eso hicimos.
Azuaga es un pueblo precioso, las casas todas blancas, encaladas y remozadas, las iglesias también blancas, callejitas estrechas… una pena que no nos diera tiempo de andar más por allí. Tengo que volver. Estuvimos con un primo de mi abuela que es igualito a mi bisabuela, mi madre no lo había visto nunca y lo reconoció por eso!. Luego de estar con él y su familia nos marchamos hacia la Granja, donde comimos con otro de sus primos y familia, y estuvimos hablando y viendo fotos antiguas. Resulta que el hermano de mi abuela estaba pasando una temporada en Peñarroya, así que decidimos que, como están al ladito, pues también pasarnos por allí. Peñarroya-Pueblo Nuevo son dos pueblos que quedaron unidos. Según la leyenda Pueblo Nuevo nació porque un perro (llamado “Terrible”) escarbando se encontró algo que brillaba y así empezó allí la minería. Fue un pueblo muy industrial, con minas, fundiciones… así que no es especialmente bonito, pero a mi abuela le hizo mucha ilusión, porque es donde más tiempo vivió. Aparqué justo enfrente de la iglesia donde se casó, en un parque que le llaman popularmente “el llano”, que es donde supuestamente el perro se puso a escarbar. Estuvimos con mis tíos, sus cuñados… un montón de gente a la que mi madre y abuela hacía mucho que no veían. Muchas risas, fotos e invitación a tres pueblos distintos para cuando quiera!. Y eso que no me conocían de antes, qué gente más maja. Este viaje demuestra que tengo buenos genes!!!.
Al finde siguiente me vino a visitar E!. Estuvimos el viernes de fiesta por Valdepasillas y el sábado de turismo gastronómico y cultural a la vez (era la feria de la tapa en el casco histórico). Estuvimos con mi compañera de trabajo y tocaya, que es más maja que las pesetas, y con sus amigos. Descubrí una costumbre pacense fascinante: para ellos ir de cañas es comer por ahí, tomarse unas cañas, y luego unos copazos por la tarde, y seguir hasta la hora de cenar. Entonces es cuando la gente se va a casa, o se va y vuelve tras la ducha y el “arreglo”, o se queda directamente hasta las tantas de la mañana. A las 7 de la tarde están abiertos todos los bares en plan pub para bailar… me pareció curiosísimo. En el resto de España yo creo que esas costumbres se reservan para las bodas y comidas de empresa, y aquí es de lo más normal. Creo que Badajoz nunca dejará de sorprenderme.
El día siguiente salió lluvioso y asqueroso, lo que no nos impidió hacer turismo. Como Évora me había gustado mucho y me quedaron cosas por ver, allí que fuimos. He de añadir a mi guía viajera de la entrada anterior unos cuantos lugares recomendables: la capilla en la Posada dos Loios. En realidad es una pedazo de iglesia, con unos murales gigantes de azulejos pintados de azul con escenas diversas. Están enterrados los nobles que construyeron el palacio y toda su familia ahí. Ahora el palacio es un hotel, y el restaurante tiene un patio abierto donde se celebran bodas y demás eventos. También conseguí ver por dentro la catedral. El claustro es lo que más me gustó. A ser posible id cuando haga buen tiempo, porque se puede subir a una especie de terraza que es el techo del claustro. Yo, que no tengo dos dedos de frente y soy muy cabra, aunque estaba lloviendo a cántaros vi una puertecilla con una escalera de caracol y sin luz, y en seguida me subí a inspeccionar. Las vistas son muy bonitas, pero puede pasar desapercibido porque las escalerillas son muy estrechas, dentro de una “microtorre” y no te fijas en que existen. La catedral y la Posada dos Loios tienen también un museo religioso y uno de arte respectivamente, pero no los visitamos por falta de tiempo. Mención especial de nuevo a los dulces portugueses. Solo de pensar en esa repostería se me hace la boca agua! Ñaaaaaaam!.
A la vuelta paramos a comer en Elvas, que está muy cerca de Badajoz. Todo el mundo me había dicho que tenía que ir a comer allí, pero nadie me había comentado que además el pueblo es muy bonito!. El casco histórico está rodeado por una muralla tipo fuerte, con foso y puerta levadiza, y además hay un enorme acueducto de tres arcadas que casi da la vuelta al pueblo. Comimos en un restaurante que se llama “Lusitania” un arroz de marisco para caerse de espaldas. Como diría Arguiñano: rico, rico, rico.
Acabamos ese día con jornada futbolera: la victoria del Numancia, la derrota del Madrid y la goleada del Atleti. Completito, completito.
Este puente de la Constitución-Inmaculada he estado en Soria: reencuentro con el fresquito, la familia, mis perris, mis amigos, el vermú con mis tíos… vamos, lo que viene siendo la vida Soriana.
Y heme aquí de nuevo en Badajoz, esperando a las navidades y confiando en que en Soria, sean blancas.
2 comentarios:
No te voy a mentir si digo que esperaba más sobre tu puente en Soria... jejeje Pero claro... con tantas cosas para comer y ver, como para acordarte de lo que has hecho aqui! (beber básicamente.. jajaja)
Mira que acabo de comer, y ya se me ha vuelto a despertar el apetito!!!
Un besazo!
ayyyy Pacoooooo, es que me vuelvo vaga con la edad, y el puente en Soria lo he contado en modo winzip... jajajjaa. Prometo un súper-post navideño con todos los detalles!!!!
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