Hace tiempo que no actualizo, y, ante la petición expresa de mi "Má", he decidido ponerme a ello. Reconozco que llevo unos días falta de inspiración (que no "falta" en sentido soriano, que es malo malísimo, es como ser gilipollas en versión soriana...).
No se me ocurre qué escribir, como diría mi hermano, "así, de humor". Y es que, cuando uno está inspirado, sale así como que solo. Poniendo un ejemplo muy gráfico, es como ir al baño cuando te estás meando. Pones el "piloto automático", y listo (ejemplo dedicado a la rubia, que sé que le va a encantar).
Y como no estoy en "modo humor", pues voy a filosofar un poco, que hace mucho que no me da por ahí. Mejor, porque antes parecía Sócrates, todo el día ahí rumiando, que niña más pesada!.
Acabo de volver de "charrolandia". Ay! majos! es que después de haber pasado tanto tiempo allí, pues lo echo mucho de menos!. A Soria, mi patria chica, también, pero como está el doble de lejos pues me da el doble de pereza ir. Sobre todo si es para un fin de semana solamente. Y es que de hacer 600 km en dos días y medio, a hacerme 1200 pues, chico, va diferencia!. Como me consta lo indignados que están algunos de mis amigos sorianos ante mi falta de visitas, prometo buscar un fin de semana de octubre para ir a casa. Lo sé, falta un "huevo" de tiempo, pero es que no tengo mas vacaciones!!.
Pero estábamos hablando de la morriña (o nostalgia, que es un palabra más "glamurosa", así como de bolero).
Yo, como sabe bien mi familia, nunca he sido mucho de tener "morriña". De pequeña sobre todo, era más bien rancia. No le daba un beso a nadie ni aunque me obligaran. Luego crecí, y, por suerte, me integré en la sociedad y empecé a interrelacionarme con otros Homo sapiens. Pero conservé un tremendo aprecio por mi independencia (ya sin ser desagradable con el prójimo, eso que hemos ganado!). Por eso ahora me choca tanto echar cosas de menos. Se me hace, como diría "papuchi" raarrooo, raaaroooo, rarooooo.
Y ahora, con vuestro permiso, voy a divagar un poco. El que esperara un chiste mas le vale dejar de leer y volver dentro de unos días. Espero que para entonces las musas hayan vuelto del Parnaso, aunque sea con el síndrome post-vacacional encima.
La vida cotidiana tiene pequeños detalles que están totalmente bajo control. Por eso, cuando hay un gran cambio, como por ejemplo, mudarte de ciudad, todos esos detalles se "van al carajo" para dejar paso a múltiples "primeras veces" (y no es nada porno, que ya os estoy viendo, mentes sucias!). La primera noche que duermes en tu piso nuevo, el primer día de trabajo, la primera vez que bajas al "súper", la primera sesión de gimnasio, las primeras cañas con tus nuevos compañeros, el primer "finde" en tierra extraña.... etc. Es una "micro-sorpresa" contínua. Eso, por un lado es estimulante, pero, por otro, te crea "micro-estreses" también contínuos. Y estos, dan lugar a la morriña, que en el fondo es el echar de menos los pequeños detalles absurdos y controlados de tu vida anterior. Y por eso, de vez en cuando me tengo que escapar a Salamanca, para "chutarme" una dosis de viejos tiempos y viejos detalles. Esta dosis mínima necesaria da lugar a una "micro-tranquilidad" que compensa los "micro-estreses" devolviendo el balance a cero y a una nueva cuenta atrás.
Por eso, soy como la regla: eso que os visita una vez al mes y lo pone todo patas arriba. O qué pensabais, que soy roja, dolorosa y vengo siempre a molestar??!!.
Y con esta dosis de incongruencias y filosofía barata os dejo, que me bailan las letras y tengo menos de 7 horas restantes de sueño. Mierda! Otro domingo que me acuesto a las tantas! Si es que no tengo remedio...
No se me ocurre qué escribir, como diría mi hermano, "así, de humor". Y es que, cuando uno está inspirado, sale así como que solo. Poniendo un ejemplo muy gráfico, es como ir al baño cuando te estás meando. Pones el "piloto automático", y listo (ejemplo dedicado a la rubia, que sé que le va a encantar).
Y como no estoy en "modo humor", pues voy a filosofar un poco, que hace mucho que no me da por ahí. Mejor, porque antes parecía Sócrates, todo el día ahí rumiando, que niña más pesada!.
Acabo de volver de "charrolandia". Ay! majos! es que después de haber pasado tanto tiempo allí, pues lo echo mucho de menos!. A Soria, mi patria chica, también, pero como está el doble de lejos pues me da el doble de pereza ir. Sobre todo si es para un fin de semana solamente. Y es que de hacer 600 km en dos días y medio, a hacerme 1200 pues, chico, va diferencia!. Como me consta lo indignados que están algunos de mis amigos sorianos ante mi falta de visitas, prometo buscar un fin de semana de octubre para ir a casa. Lo sé, falta un "huevo" de tiempo, pero es que no tengo mas vacaciones!!.
Pero estábamos hablando de la morriña (o nostalgia, que es un palabra más "glamurosa", así como de bolero).
Yo, como sabe bien mi familia, nunca he sido mucho de tener "morriña". De pequeña sobre todo, era más bien rancia. No le daba un beso a nadie ni aunque me obligaran. Luego crecí, y, por suerte, me integré en la sociedad y empecé a interrelacionarme con otros Homo sapiens. Pero conservé un tremendo aprecio por mi independencia (ya sin ser desagradable con el prójimo, eso que hemos ganado!). Por eso ahora me choca tanto echar cosas de menos. Se me hace, como diría "papuchi" raarrooo, raaaroooo, rarooooo.
Y ahora, con vuestro permiso, voy a divagar un poco. El que esperara un chiste mas le vale dejar de leer y volver dentro de unos días. Espero que para entonces las musas hayan vuelto del Parnaso, aunque sea con el síndrome post-vacacional encima.
La vida cotidiana tiene pequeños detalles que están totalmente bajo control. Por eso, cuando hay un gran cambio, como por ejemplo, mudarte de ciudad, todos esos detalles se "van al carajo" para dejar paso a múltiples "primeras veces" (y no es nada porno, que ya os estoy viendo, mentes sucias!). La primera noche que duermes en tu piso nuevo, el primer día de trabajo, la primera vez que bajas al "súper", la primera sesión de gimnasio, las primeras cañas con tus nuevos compañeros, el primer "finde" en tierra extraña.... etc. Es una "micro-sorpresa" contínua. Eso, por un lado es estimulante, pero, por otro, te crea "micro-estreses" también contínuos. Y estos, dan lugar a la morriña, que en el fondo es el echar de menos los pequeños detalles absurdos y controlados de tu vida anterior. Y por eso, de vez en cuando me tengo que escapar a Salamanca, para "chutarme" una dosis de viejos tiempos y viejos detalles. Esta dosis mínima necesaria da lugar a una "micro-tranquilidad" que compensa los "micro-estreses" devolviendo el balance a cero y a una nueva cuenta atrás.
Por eso, soy como la regla: eso que os visita una vez al mes y lo pone todo patas arriba. O qué pensabais, que soy roja, dolorosa y vengo siempre a molestar??!!.
Y con esta dosis de incongruencias y filosofía barata os dejo, que me bailan las letras y tengo menos de 7 horas restantes de sueño. Mierda! Otro domingo que me acuesto a las tantas! Si es que no tengo remedio...
